Posicionamiento de la Diputada Zoila Margarita Isidro Perez; como integrante de la Comisión de Protección Civil del H. Congreso
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TABASCO. El mes de septiembre siempre ha estado plagado de momentos cruciales y decisivos para la historia de nuestro país, los cuales transitan desde la lucha independentista para lograr la conformación de una nueva República, hasta ponernos de pie y reconstruir nuestras vidas después de los embates naturales más significativos de la era moderna. Estos hechos han generado en nuestro un pueblo, un sentido de solidaridad, valor innegable para el desarrollo social, mismo que nos hace mirar el futuro a través del pasado que construye el presente de este México.
Un México distinto, preparado para asumir los retos que el momento histórico y su sociedad le exigen, mismos que requiere que Todos asumamos el rol que nos corresponda, sin distingos de edad, género o cualquier otro, pues somos parte de una sola gran Nación.
He aquí que comienza el gran reto, de organizar y proyectar el trabajo de cada uno de nosotros, dando comienzo a esta fase desde la más tierna infancia, pues es allí donde cada uno de nosotros ha comenzado a desarrollar sus habilidades y potencialidades. En dicha etapa de la vida las capacidades de aprendizaje están en un punto determinante para captar, asimilar, entender y poner en práctica todo lo que se le enseñe nuevas enseñanzas. De ahí el interés de que comencemos con la formación de nuestras niñas y niños en un marco de una cultura de prevención de riesgos, sobre todo en una entidad como la nuestra cuya ubicación y geografía la hace propensa a constantes peligros por fenómenos naturales.
En este sentido, como ciudadana ocupada en el tema de arraigar la cultura de la prevención en toda la población y en especial entre los niños a fin de que seamos capaces de actuar de manera responsable y decisiva ante cualquier situación de alerta o desastre, es que conmino a instituciones de gobierno, empresas privadas y sociedad civil a que de la mano con el sistema estatal de Protección Civil desarrollen planes y estrategias para la promoción, de una cultura de responsabilidad social dirigida a la prevención y autoprotección respecto de los riesgos y peligros que representan los agentes perturbadores y su vulnerabilidad, todo ello desde las células familiares pues incentivando este tipo de prácticas desde la niñez aseguramos minimizar al máximo las situaciones que ponen en riesgo la vida humana y los bienes materiales mitigando la vulnerabilidad de la sociedad.
Nuestro estado tiene una añeja historia en este sentido, pues a nadie le es ajeno que hemos sufrido de inundaciones y desbordamientos, incendios forestales, usos de suelo irregulares, concentración promedio anual por contaminante atmosférico y elevaciones en los ríos y una historia sísmica reciente donde el 7 de septiembre sufrimos el peor sismo en los últimos 100 años donde tuvimos un bajo perfil de daños materiales pero uno muy alto en nuestra tranquilidad cotidiana, fenómenos que ponen en riesgo los asentamientos humanos.
De acuerdo con el Diagnostico Nacional de los Asentamientos Humanos, los desastres que han generado mayor costo económico al país han sido los ocasionados por los sismos de 1985; las severas inundaciones que se produjeron en Tabasco, Oaxaca y Puebla en 1999, así como el hecho de que entre 1990 y 2000 se han registrado 73 sismos con magnitudes superiores a los 7 grados y uno sin precedentes de 8.2 , siendo las zonas que han presentado mayores intensidades los estados de Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Colima, Chiapas, y las regiones Río Balsas Interiores, Veracruz-Oaxaca, Puebla-Morelos y por supuesto Tabasco.
En todos estos acontecimientos, o al menos en su mayoría, Tabasco se ha visto involucrado. Y aunque evidentemente, nuestra conciencia como sociedad ha evolucionado a favor de incrementar las medidas de precaución, aún es evidente que hace falta corregir aspectos que si desde la niñez ponemos atención, los impactos negativos podrán ser minimizados e incluso, hasta cierto punto, controlados.
En ese sentido, es prioritario incrementar la cultura de protección civil entre nuestra sociedad, para lo cual es necesario que la misma se inculque desde la niñez, preparando a las futuras generaciones con conocimientos que les permitan saber qué hacer y cómo actuar ante los riesgos de origen natural o antrópico. Esto porque se considera que los niños son unos grandes aliados en el impulso de la protección civil, pues además de replicar la información al interior de sus hogares, comenzando a desarrollar acciones preventivas como parte de su estilo de vida.
Por ello no podemos cruzar los brazos y por eso les invito que hagamos lo propio para que desde nuestros hogares, trabajos o donde estemos no solo para prevenir los riesgos sino que sea parte de nuestra vida diaria, pues no sabemos en qué momento las circunstancias nos pongan al frente una situación como la vivida la noche del 7 de septiembre o la mañana del 19 del mismo mes y por la cual hoy se conmemora el Día Nacional de la Protección Civil.
Donde no solo debemos tener un recuerdo de lo que la solidaridad y la voluntad del pueblo mexicano ha sido determinante para estar de pie, sino para trabajar de la mano con el Gobierno para evitar que otro golpe como los descritos ensombrezca nuestra historia actual.
Trabajemos unidos participemos como sociedad, para inculcar en nuestra niñez y en todos nosotros una cultura participativa de la prevención de desastres.
TABASCO. El mes de septiembre siempre ha estado plagado de momentos cruciales y decisivos para la historia de nuestro país, los cuales transitan desde la lucha independentista para lograr la conformación de una nueva República, hasta ponernos de pie y reconstruir nuestras vidas después de los embates naturales más significativos de la era moderna. Estos hechos han generado en nuestro un pueblo, un sentido de solidaridad, valor innegable para el desarrollo social, mismo que nos hace mirar el futuro a través del pasado que construye el presente de este México.
Un México distinto, preparado para asumir los retos que el momento histórico y su sociedad le exigen, mismos que requiere que Todos asumamos el rol que nos corresponda, sin distingos de edad, género o cualquier otro, pues somos parte de una sola gran Nación.
He aquí que comienza el gran reto, de organizar y proyectar el trabajo de cada uno de nosotros, dando comienzo a esta fase desde la más tierna infancia, pues es allí donde cada uno de nosotros ha comenzado a desarrollar sus habilidades y potencialidades. En dicha etapa de la vida las capacidades de aprendizaje están en un punto determinante para captar, asimilar, entender y poner en práctica todo lo que se le enseñe nuevas enseñanzas. De ahí el interés de que comencemos con la formación de nuestras niñas y niños en un marco de una cultura de prevención de riesgos, sobre todo en una entidad como la nuestra cuya ubicación y geografía la hace propensa a constantes peligros por fenómenos naturales.
En este sentido, como ciudadana ocupada en el tema de arraigar la cultura de la prevención en toda la población y en especial entre los niños a fin de que seamos capaces de actuar de manera responsable y decisiva ante cualquier situación de alerta o desastre, es que conmino a instituciones de gobierno, empresas privadas y sociedad civil a que de la mano con el sistema estatal de Protección Civil desarrollen planes y estrategias para la promoción, de una cultura de responsabilidad social dirigida a la prevención y autoprotección respecto de los riesgos y peligros que representan los agentes perturbadores y su vulnerabilidad, todo ello desde las células familiares pues incentivando este tipo de prácticas desde la niñez aseguramos minimizar al máximo las situaciones que ponen en riesgo la vida humana y los bienes materiales mitigando la vulnerabilidad de la sociedad.
Nuestro estado tiene una añeja historia en este sentido, pues a nadie le es ajeno que hemos sufrido de inundaciones y desbordamientos, incendios forestales, usos de suelo irregulares, concentración promedio anual por contaminante atmosférico y elevaciones en los ríos y una historia sísmica reciente donde el 7 de septiembre sufrimos el peor sismo en los últimos 100 años donde tuvimos un bajo perfil de daños materiales pero uno muy alto en nuestra tranquilidad cotidiana, fenómenos que ponen en riesgo los asentamientos humanos.
De acuerdo con el Diagnostico Nacional de los Asentamientos Humanos, los desastres que han generado mayor costo económico al país han sido los ocasionados por los sismos de 1985; las severas inundaciones que se produjeron en Tabasco, Oaxaca y Puebla en 1999, así como el hecho de que entre 1990 y 2000 se han registrado 73 sismos con magnitudes superiores a los 7 grados y uno sin precedentes de 8.2 , siendo las zonas que han presentado mayores intensidades los estados de Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Colima, Chiapas, y las regiones Río Balsas Interiores, Veracruz-Oaxaca, Puebla-Morelos y por supuesto Tabasco.
En todos estos acontecimientos, o al menos en su mayoría, Tabasco se ha visto involucrado. Y aunque evidentemente, nuestra conciencia como sociedad ha evolucionado a favor de incrementar las medidas de precaución, aún es evidente que hace falta corregir aspectos que si desde la niñez ponemos atención, los impactos negativos podrán ser minimizados e incluso, hasta cierto punto, controlados.
En ese sentido, es prioritario incrementar la cultura de protección civil entre nuestra sociedad, para lo cual es necesario que la misma se inculque desde la niñez, preparando a las futuras generaciones con conocimientos que les permitan saber qué hacer y cómo actuar ante los riesgos de origen natural o antrópico. Esto porque se considera que los niños son unos grandes aliados en el impulso de la protección civil, pues además de replicar la información al interior de sus hogares, comenzando a desarrollar acciones preventivas como parte de su estilo de vida.
Por ello no podemos cruzar los brazos y por eso les invito que hagamos lo propio para que desde nuestros hogares, trabajos o donde estemos no solo para prevenir los riesgos sino que sea parte de nuestra vida diaria, pues no sabemos en qué momento las circunstancias nos pongan al frente una situación como la vivida la noche del 7 de septiembre o la mañana del 19 del mismo mes y por la cual hoy se conmemora el Día Nacional de la Protección Civil.
Donde no solo debemos tener un recuerdo de lo que la solidaridad y la voluntad del pueblo mexicano ha sido determinante para estar de pie, sino para trabajar de la mano con el Gobierno para evitar que otro golpe como los descritos ensombrezca nuestra historia actual.
Trabajemos unidos participemos como sociedad, para inculcar en nuestra niñez y en todos nosotros una cultura participativa de la prevención de desastres.


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